Illustration — un homme marche sous une pluie chaude, un parapluie fermé à la main
Historias de consultorio

Loïc bajo la lluvia

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Para darle confianza y poner en evidencia su creatividad, le propongo algunas pruebas de sugestionabilidad. Acepta con gusto jugar y lo invito a realizar una prueba de clase 1 «los dedos pegados». Loïc no puede creer lo que ve... sus índices se acercan, como por arte de magia, irresistiblemente. El chico continúa después con una levitación del brazo, con los ojos cerrados, disfruta sintiendo la ligereza del miembro que se eleva. En el momento en que la mano alcanza una buena altura, el joven me dice: «llueve, llueve...» Sin entender qué me quiere decir, noto sin embargo que se ha formado un cerco en su camiseta gris a la altura de la axila. Me digo que, a pesar del estado de conciencia modificado, mi joven compañero empieza a transpirar. Decido entonces darle la oportunidad de relajarse invitándolo a sentarse en la silla detrás de él.

Procedo con una inducción rápida sabiendo que un joven de esa edad, y más aún tras unas pruebas de sugestionabilidad exitosas, tiene la facultad de entrar en trance muy fácilmente. Dentro de la estrategia establecida, contemplaba entre otras cosas invitar a mi joven cliente a disfrutar de un Viaje Arquetípico comenzando por ir a ver el árbol. Este aparece como enclenque y desnutrido. Loïc, tras las tres propuestas que le hago, decide regar su árbol y llamar a la lluvia. Espontáneamente, inicia una nueva levitación del brazo y dice de nuevo, con una sonrisa en los labios: «Llueve, llueve... el árbol crece... crece... crece... sí, llueve... corre... corre.» El chico parece en éxtasis, lo animo con «excelente, maravilloso, extraordinario» antes de darme cuenta de que su camiseta ahora está bastante mojada. En ese momento, veo caer una gota desde arriba.

Pensando por un instante que yo también estoy en el corazón de un fantástico trance hipnótico y que la lluvia está presente, levanto la cabeza y veo una enorme bolsa de agua en el techo. Comprendo rápidamente que debe haber una fuga de agua en casa de mi vecino de arriba. Asumiendo el riesgo de ver la bolsa reventar y sumergir a Loïc bajo un diluvio digno de una película de catástrofes (en trance todo se multiplica), decido seguir animando a mi cliente a mejorar su árbol. Lo hace con alegría, riendo, casi cantando de lo eufórico que está por vivir una experiencia total que moviliza plenamente su VAKOG. Una vez alcanzado el resultado esperado, traje a Loïc de vuelta contando hasta tres, al aquí y ahora, para resolver el incidente doméstico y continuar la sesión bajo un cielo más clemente. Esta experiencia fue única y quedará grabada por mucho tiempo en la memoria de ambos. Es muy interesante ratificar los elementos externos e integrarlos al máximo en la experiencia de guía para llegar aún más lejos en las transformaciones.