
Julie y el barco volador
Estas ratificaciones, combinadas con los dobles vínculos, permiten a Julie entrar rápidamente en trance, profundizado por un descenso en la naturaleza a lo largo de un río y luego de una cascada luminosa, para dejar que su Yo Joven se exprese libremente. Invito a la joven a decirme cuál es la primera acción que hace al despertarse por la mañana. Me indica que enciende su teléfono para ver si sus amigos de Facebook le han dado «me gusta» a su última publicación. Le digo que es excelente y la animo a precisar qué hace antes de eso, para llegar al momento no emocional que vive desde siempre. Ella responde entonces, con tono de evidencia: «¡Pues abro los ojos!».
Perfecto. Ella coloca en el espacio puntos imaginarios que corresponden simbólicamente a esta acción ayer, la semana pasada y hace mucho tiempo, cuando era una niña pequeña. Luego lanza esos puntos, que había unido previamente detrás de su cabeza, para formar una línea recta que, tras transformarse, se convierte en una pista de bobsleigh. El mismo proceso, esta vez hacia adelante, da lugar a una franja de arcoíris luminosa. Después de unir perfectamente estas dos líneas en el centro de su pecho, Julie empieza a sobrevolar lentamente la pista de bobsleigh sobre una nube.
Constata que hay agujeros, lugares donde crece la hierba, pedazos de metal y un casco tirados aquí y allá... Encuentra sistemáticamente la respuesta adecuada para cada situación problemática, hasta obtener una pista inmaculada y perfectamente lisa.
Cuando inspecciona el camino arco iris, Julie primero debe abrirse paso a través de un matorral de zarzas muy denso con la ayuda de un machete. Luego pide la colaboración de jardineros experimentados que arrancan concienzudamente los arbustos espinosos para que no vuelvan a crecer. Julie recompensa a los trabajadores permitiéndoles tomar algo de la luz inagotable del arco iris. Al continuar su camino, se da cuenta de que unos trenes pasan, con un ruido ensordecedor, por encima y por debajo del arco iris, oscureciéndolo. Declara entonces que hubo un error de desvío y que los trenes no tienen lugar aquí. Le pregunto qué solución podría considerar para resolver este problema, proponiéndole reducir el tamaño del convoy con una varita mágica, hacer intervenir a ferroviarios para construir una nueva vía, o desplazar los trenes con una grúa especial.
Me interrumpe y declara con una amplia sonrisa: «Voy a remolcarlos con mi barco volador». Parece ejecutar la operación con una facilidad desconcertante y recupera un camino limpio, luminoso y colorido que le conviene perfectamente.
Entonces puede regresar de la trance a la cuenta de tres con una satisfacción evidente. En la técnica de la Alineación Armónica, a veces es más difícil para la persona guiada borrar una pequeña mancha en un camino que desplazar una manada de elefantes. En un estado modificado de conciencia, los símbolos y las metáforas de la mente no tienen nada de racional.
