Illustration — un beau coffre de bois fermé sur une table de jardin, prêt à être ouvert
La caja de herramientas

Antes de abrir la caja

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Las herramientas de la Méthode Dolfino® son medios valiosos para alcanzar tus objetivos personales. Sin embargo, cuando te posicionas como guía, ofreces este apoyo a otras personas. Las guías en su propio universo en la búsqueda de sus metas. En ese caso, hay elementos importantes que respetar. No puedes cambiar a los demás ni obligarlos a tomar un camino en particular. No obstante, puedes inspirarlos y darles ganas de explorar nuevas rutas. En ese sentido, no existe una sesión sin una petición: es el primer paso que debe dar quien recibe la guía si va en serio con alcanzar su objetivo.

Como guía, sé consciente de cuándo la experiencia de otra persona te toca emocionalmente y te lleva a tus propias vulnerabilidades. Sin duda, no serás, por el momento, un buen guía en ese contexto específico. Cuando entres en resonancia con la persona guiada, da unos pasos atrás y adopta las herramientas que te convengan para trabajar tus sensaciones y sanar tus heridas. En ese caso, no dudes en dirigir a esa persona hacia otro practicante competente.

Ten siempre presente la importancia de mostrar humildad como guía. Esto significa tomar en cuenta que siempre es la persona guiada quien actúa, y que tú tienes poco que ver con sus logros. Tu papel como guía no consiste en rescatar, sino en colaborar con el otro.

Dado que la persona guiada tiene todo el mérito y la responsabilidad de sus transformaciones, es esencial apreciar su recorrido, su implicación y sus logros. Al hacerlo, reconoces sus esfuerzos, sus capacidades y su compromiso: los logros alimentan la confianza en uno mismo, el sentimiento de competencia y la resiliencia. El reverso de esta medalla también resulta muy pertinente en muchas situaciones. Por ejemplo, cuando alguien vive con una problemática importante y el proceso que propones no parece suficiente para permitirle salir de ella, es a esa persona a quien le corresponde la responsabilidad de optar por otras estrategias (y no a ti).

Hablando de responsabilidad... Si decides desarrollar una carrera en práctica privada, infórmate a fondo sobre las leyes vigentes en cuanto al ejercicio de la relación de ayuda, adopta un código de ética que compartirás con tus clientes (encontrarás un ejemplo de esto en el anexo). Procura también contratar un seguro de responsabilidad civil profesional.

Aunque la Méthode Dolfino® privilegia la exploración de soluciones diferentes en lugar de largas conversaciones antes de la guía, algunas preguntas resultan útiles. Permiten favorecer las tomas de conciencia, hacer avanzar las reflexiones y obtener una imagen más precisa de los orígenes probables de un problema.

Saber hacer las preguntas correctas te ayudará a orientar mejor las técnicas y herramientas adecuadas y a mantener bien tu sincronización durante la sesión.

Aclarar sus emociones ¿Qué siente: miedo, alegría, tristeza, enojo, etc.?

Identificar quiénes son las personas ligadas a esa emoción ¿Su pareja, su hijo, su amigo, su tía, etc.?

Identificar a quién se dirigen las acusaciones o los rencores difusos Expresa que nadie lo escucha. ¿Quién no lo escucha?

Precisar su vivencia. Dice no tener confianza en sí mismo, sea más específico explicando cómo se manifiesta esto en las distintas esferas de su vida.

Evitar la normalización. Afirma que la comunicación siempre es mala entre ustedes. ¿Puede explicar claramente cuándo la comunicación es difícil? Dé un ejemplo concreto señalando «quién» quiere comunicar «qué» a «quién».

Evitar la generalización. Dice que su pareja nunca lo escucha. ¿Nunca? ¿Qué sería diferente si lo escuchara? ¿Qué podría impedirle escucharlo?

Mantenerse en los hechos observables, descartando la distorsión y las suposiciones. Usted plantea que si él lo mira de reojo es porque lo detesta... ¿En qué sentido el hecho de mirarlo así prueba que lo detesta? ¿Ha mirado usted alguna vez a alguien de manera similar sin por ello detestarlo?

Manténte atento a todas las señales no verbales (mirada, postura, cambio en el tono de voz, etc.) que puedan orientarte en la elección de tus preguntas. Tu carta maestra como guía será tu actitud de apertura y de no juicio. Recuerda que un sentimiento de comprensión mutua, de seguridad y de acogida alimenta una sincronización de calidad y, por lo mismo, aumenta la eficacia del proceso.

En ese sentido, cultiva tus aptitudes de escucha activa. La escucha activa, también llamada escucha benevolente, es una técnica de comunicación desarrollada por el psicólogo estadounidense Carl Rogers. Se basa en el arte de preguntar y de reformular para que el interlocutor se sienta escuchado y comprendido sin ser juzgado. Para Carl Rogers, el significado emocional de un acontecimiento es mucho más importante que su racionalización intelectual. Es el corazón y el alma lo que hay que escuchar, no la razón.

Practicar la escucha activa implica respetar los siguientes cinco principios:

Acoger al otro aceptándolo tal como es, sin segundas intenciones.

Permanecer centrado en lo que el otro siente y no en lo que cuenta, es decir, ir más allá de las palabras y de las reflexiones mentales.

Respetar al otro manteniendo una relación de igual a igual.

Ser un buen espejo, señalando las emociones que se esconden detrás de las palabras del otro. Para lograrlo, aprender a reformular bien lo que dice el otro resulta fundamental.

Finalmente, siempre según Rogers, la no directividad y la empatía son ambas primordiales en la escucha activa.

La no directividad presupone no influenciar al otro y no interpretar su vivencia, para dejarle a la persona que acompañas el espacio para encontrar ella misma sus soluciones.

La empatía determina tu habilidad para entrar en el mundo subjetivo del otro con el fin de comprenderlo desde adentro. Esta actitud le permite a la persona que acompañas expresarse sin miedo, dejando de lado sus mecanismos de defensa habituales.